Cómo una Dieta Alta en Hidratos de Carbono Afecta la Vitamina C, el Colágeno y la Salud Arterial

   La alimentación rica en azúcares y harinas refinadas puede interferir con la vitamina C de nuestro cuerpo de manera inesperada. Ambos, la glucosa (azúcar) y el ácido ascórbico (vitamina C), tienen estructuras químicas parecidas, por lo que compiten al entrar en las células. Es como si compartieran el mismo pasillo de entrada: cuando hay demasiada glucosa dando vueltas, la vitamina C queda rezagada y no consigue entrar donde la necesitamos. En la práctica, esto significa que al comer muchos carbohidratos (como pan blanco, dulces, refrescos azucarados, bollería, cereales, zumos de frutas… ), una parte de la vitamina C se pierde o no llega a los tejidos, porque la glucosa “la desaloja” de su sitio.

     La vitamina C es vital para nuestro cuerpo: sirve de ingrediente esencial para fabricar colágeno, que es como el pegamento que mantiene unidas las fibras de las paredes de los vasos sanguíneos. Si la vitamina C falta o se emplea menos, las enzimas que hacen el colágeno no funcionan bien,  entonces la sustancia que da fuerza y elasticidad a las arterias sale deficiente. En otras palabras, las paredes internas de los vasos pierden firmeza, como un muro cuyos ladrillos no están bien unidos. Con menos colágeno, las arterias se hacen más frágiles y pueden aparecer pequeñas grietas o fisuras invisibles al ojo, como micro‑daños en el tejido.

     Cuando el cuerpo detecta estos daños en una arteria, reacciona rápidamente para tapar las “grietas” y evitar que la sangre comience a filtrarse. Ahí es donde entra en juego el colesterol. Aunque lo conocemos malamente como la grasa “villana”, en realidad el colesterol es un material de reparación para las arterias. En cada lesión mínima, el organismo envía lípidos (grasas como el colesterol) junto con otras células para tapar el hueco, como si fueran pañitos para contener una fuga. El colesterol se acumula justamente en esos puntos débiles, solidificándose y sirviendo de parche provisional para reforzar la pared arterial. Es un mecanismo de supervivencia: el cuerpo utiliza ese parche de grasa para mantener la arteria intacta cuando falta colágeno que la sostenga.

     Al principio, estos “parches de colesterol” pueden ser útiles, pero con el tiempo pueden convertirse en un problema mayor. Si los micro daños se repiten continuamente (por ejemplo, debido a mantener una dieta alta en carbohidratos que siga desplazando la vitamina C), el colesterol tenderá a acumularse cada vez más en las mismas zonas. De esa acumulación lenta y constante nacen las placas ateroscleróticas: capas más gruesas de grasa y colesterol que endurecen y estrechan la arteria. Así, un proceso que empezó siendo un intento de reparación puede degenerar en obstrucción: los parches se vuelven tan abundantes que la sangre tiene que abrirse paso con dificultad, lo que eleva el riesgo de problemas graves como la presión alta, anginas de pecho o infartos.

     En definitiva, Dietas altas en carbohidratos puede dejar a nuestro cuerpo con “hambre de vitamina C”, dificultando la producción de colágeno que mantiene las arterias fuertes. Sin suficiente colágeno, las paredes vasculares se resienten y el colesterol entra a tapar huecos, algo que a largo plazo genera el depósito de grasa en las arterias. Entender esta cadena (azúcar alta → menos vitamina C activa → colágeno débil → daños arteriales → colesterol reparador) nos ayuda a ver por qué las dietas equilibradas, benefician la salud del corazón y las arterias.  El colesterol tiene su papel en “soldar” las grietas, pero lo ideal es que esas grietas nunca se abran: así nuestras arterias permanecen fuertes y flexibles sin necesidad de tantos parches.

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